lunes, 16 de marzo de 2009

Henchid la Tierra


Evolución del Crecimiento de la Población

El Crecimiento de la Población



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Crecimiento de la Población

El crecimiento demográfico es uno de los rasgos dominantes del siglo XX. A una población mundial de mas seis mil millones de personas, cada año se suman cien millones más, o sea, más del doble de la población española actual, o la de México entera. En ningún momento de la historia ha sido tan numerosa la población ni nunca ha sido tan rápido su índice de crecimiento. El crecimiento demográfico a través del tiempo Durante el tiempo que el hombre ha vivido sobre la Tierra, su índice de crecimiento ha sido bastante lento.

Aunque apenas se dispone de datos anteriores a 1800, el aumento de la población fue casi imperceptible durante miles de años. Es al llegar a los últimos dos siglos cuando las cifras se disparan. Un núcleo de población crece cuando hay más nacimientos que muertes. El índice de natalidad es la relación entre el número de nacimientos anuales por cada mil personas del total de la población. El índice de mortalidad es la misma relación, aplicada a las defunciones.

Ambos sirven para comparar el número de nacimientos y muertes en los distintos países. El índice de crecimiento es la diferencia entre los índices de natalidad y mortalidad. Por ejemplo, si un país tiene diez millones de habitantes y en un año nacen doscientas mil personas y mueren cien mil, al cabo de un año la población será de diez millones cien mil personas con un índice de crecimiento de diez por mil o del uno por ciento. Hacia el año 8000 a.C., durante la llamada revolución neolítica o nueva Edad de Piedra, se produjo un notable crecimiento demográfico. En varias partes del planeta el hombre aprendió a cultivar la tierra y a obtener los alimentos necesarios para su subsistencia, que hasta entonces provenían de la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres.

El nacimiento de la agricultura le obligó a abandonar la vida nómada y las primeras comunidades sedentarias se formaron al establecerse varias familias en un mismo territorio. Aunque hubo un rápido crecimiento de la población, no disminuyó la mortalidad porque la subsistencia dependía de los agentes exteriores. La consecuencia de una mala cosecha era el hambre; la sequía y las epidemias diezmaron a las primeras tribus sedentarias. En el año 8000 a.C., la población mundial era de unos cinco millones de personas. A partir de entonces, su número fue gradualmente en aumentó duplicándose cada mil quinientos años hasta llegar a los quinientos millones en 1650 d.C., con un índice de crecimiento inferior al uno por ciento al año.

En la historia de la humanidad hay un hecho cierto: el sufrimiento y la brevedad de la vida. El hambre, las enfermedades, las catástrofes naturales y la guerra, han sido siempre sus sempiternos enemigos. En el siglo XIV la peste bubónica o “peste negra” arrasó Europa. En las regiones más afectadas por ella murió nada menos que un treinta o cuarenta por ciento de sus habitantes Aunque se tuvieran muchos hijos, la supervivencia era extremadamente difícil. No obstante, entre 1650 y 1850, la población mundial llegó a los mil millones de personas.

El Periodo de duplicación, es decir, el período de tiempo en el que se duplican las cifras de la población, se redujo de mil quinientos a doscientos años y el índice anual de crecimiento superó el uno por ciento al disminuir notablemente la mortalidad a partir de 1700. A partir del siglo XVIII, la revolución industrial trajo consigo un conjunto de transformaciones económicas y sociales en diversos países europeos. Entre 1760 y 1780, en la industria textil algodonera británica se produjo una súbita aceleración de su progreso que se extendió luego a otras ramas de la producción y transformó profundamente su economía y su sociedad.

Las invenciones técnicas se sucedieron en pocos años: máquina de hilar, telar mecánico,. etc. pero los conocimientos científicos y tecnológicos estaban ya disponibles desde finales del siglo XVII. El comercio colonial, que ofrecía unos beneficios extraordinarios y un mercado ilimitado, movió a los industriales británicos a aplicar nuevos métodos técnicos que aumentaran la capeada productiva y compitieran ventajosamente am los artículos de fabricación artesana. La expansión en el sector algodonero influyó en el progreso de la siderurgia, en la minería cid carbón y en el perfeccionamiento de las máquinas de vapor. De la necesidad de aumentar la producción de carbón y del perfeccionamiento de las máquinas de vapor nació el ferrocarril Con él se abrió una nueva etapa de la revolución industrial.

Las comunicaciones terrestres experimentaron una profunda transformación y la demanda de hierro, acero y carbón creció de manera vertiginosa. La revolución industrial siguió un curso muy diferente en los distintos países y ramas de la industria de acuerdo con e! desarrollo histórico de cada país concreto, pcr una parte, y la influencia externa de los países industrializados más avanzados, por otra. Tanto a escala mundial como nacional, engendró desigualdad. El trabajo se organizó en grandes centrales: fábricas, forjas, astilleros, donde podía supervisarse la producción. Importantes cambios en la agricultura acompañaron también a la revolución industrial. La nueva clase trabajadora, separada de la tierra, dependía de una mayor producción de alimentos, que comenzaron a importarse en gran escala.

La productividad se multiplicó por mil en algunas industrias (hilatura del algodón) y se centuplicó en otras, como la industria textil, la siderurgia, industria química, con la correspondiente disminución del costo. La demanda de estos productos y servicios aumentó en seguida, lo mismo que el número de personas y el capital invertido en las distintas ramas. Junto con la productividad y la renta per cápita de los países industrializados crecieron también las ramas más afectadas por la nueva tecnología, lo que motivó un trasvase de la mano de obra hacia la industria y los servicios y un movimiento migratorio del campo a las ciudades.

En pleno siglo XX comienza la explosión demográfica en Asia, América del Sur y África, mientras que en Europa y Norteamérica desciende la natalidad. Con el siglo terminó también la etapa de rápido crecimiento de la población europea. Al disminuir la natalidad, se redujo el índice de crecimiento. En la actualidad, la población de Europa y Norteamérica crece a un ritmo muy lento. Durante los últimos doscientos años, el número de miembros de la familia media se ha reducido a la mitad, pero se han duplicado las expectativas de vida de los recién nacidos, y los adultos tienen asegurada su longevidad. Si en 1750 la duración media de la vida era de treinta y cinco años, en la actualidad es de unos setenta.

Esta longevidad se debe en gran parte a los descubrimientos de la medicina, que han permitido erradicar y vencer enfermedades en otro tiempo mortales por necesidad. Los avances tecnológicos han permitido asimismo desarrollar una agricultura más productiva con menos mano de obra. Al mismo tiempo, muchos europeos emigraron a Norteamérica y Australia a finales del siglo pasado y comienzos de éste.


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